Las aventuras morbosas de Rosamary - Cap. XXI
LAS AVENTURAS MORBOSAS DE ROSAMARY CAPTULO XXI
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Durante los tres meses transcurridos desde su salida de
la clnica fue un continuo ir de sorpresa en sorpresa. Su
memoria fue recuperndose y el pasado tomando cuerpo.
Consigui recordar su infancia, sus padres, toda su familia.
Poco a poco regresaron a su mente todos los detalles de su
vida. Su infancia en el chalet que posean sus padres. Sus
bachillerato en el Instituto de Sarri, el barrio burgus
de Barcelona, donde viva. Sus estudios de econmicas
en la universidad. La consecucin de su empleo en el que
llevaba 15 aos. La muerte de su madre que cambi su vida
por completo. El viaje de fin de carrera a Tenerife y aquellos
das en el Puerto de La Cruz, aquella preciosa ciudad turstica,
a la que se prometi volver algn da. El papel de madre que
le toc desempear para con sus hermanas Mara Luisa y Nuria,
7 y 5 aos menores que ella. La escapada a Benalmdena con
los compaeros exalumnos de la universidad. Pero si bien
haba conseguido recuperar todos y cada uno de los detalles
ms importantes de su vida pasada, cosa que le devolva
una cierta confianza y seguridad en si misma, algo enturbiaba
su tranquilidad. Algo en su subconsciente relacionaba
personas, hechos y circunstancias de su vida anterior
con otras situaciones completamente distintas. Pareca
como si hubiese vivido otra vida, completamente diferente,
con las mismas personas y en los mismos lugares y eso era
un enigma que la desconcertaba, pues no consegua ver con
claridad en que consista esa relacin, ni comprender
el porque de esa sensacin.
Estara viviendo dos vidas distintas con las mismas personas
y en los mismos lugares?. Y en tal caso. Cul de las dos era
la real?.
Otra cosa la desconcertaba. A medida que iban pasando los
das, se despert en ella la necesidad de prescindir del
uso de braguitas. Se senta incmoda cuando las llevaba.
Y lo ms raro era que le pareca como algo habitual.
Tambin comenz a masturbarse y poco a poco se convirti
en un hbito, en una necesidad diaria.
Haba decidido ir a visitar a Roberto, su jefe en la oficina
donde trabajaba. Senta la necesidad de reincorporarse
a su vida laboral. El da anterior haba concertado la entrevista
a lo que l haba accedido con evidente agrado. Es ms, le
haba exteriorizado su deseo de contar, a la mayor brevedad
posible, con su colaboracin. Su padre la haba animado
a retornar al trabajo para recuperar totalmente su vida
normal.
Se levant y desayun con la familia antes de que partieran
al despacho y a la universidad, respectivamente. Una vez
se fueron, termin su caf con leche. Enfundada en la bata
de seda china que an conservaba de su estancia en Puerto
de la Cruz, se dirigi al cuarto de bao, abriendo el grifo
del agua caliente. Se despoj de la bata que colg en la percha
junto al espejo y la imagen de su cuerpo, cubierto escasamente
bajo la tenue y semi transparente camisilla hasta las caderas,
se reflejo en l.. Su mirada se pos en su pubis cubierto
por los cortos y sedosos rizos negros y pas a la bata de seda.
De nuevo le asalt aquella extraa sensacin de haber vivido
una situacin similar en otro momento y otro lugar. Se dirigi
a la baera y se agach para controlar la temperatura del
agua para la ducha con la que iba a relajarse. No pudo verlo
pero su precioso trasero se reflej en el espejo. Los globos
de sus nalgas de los que partan sus bellamente torneados
muslos se reflejaban esplndidos. Algo la impuls a, tal
como estaba, girar la cabeza y al verse, un respingo recorri
su columna vertebral. Nerviosa, se despoj de la camisilla
y se col en el seno de la baera y tomando la pia de la ducha,
movi el mando para que el agua brotara caliente y con fuerza.
Primero sobre los senos, luego dirigi el chorro a su cara
y a los cabellos, para seguir por los hombros y as mojar
todo el cuerpo. Calz su mano derecha con un guante de esparto
al que aplic una buena cantidad de gel de bao y comenz
a frotarse vigorosamente. La espuma iba cubriendo su cuerpo
y resbalaba por su piel.
Corri la cortina y se mir en el espejo. Se vio bella. La
espuma que resbalaba por su vientre se detena en la maraa
de los rizos negros que cubran su sexo. Otro respingo recorri
su mdula y la mano enguantada comenz a frotar el montculo
que formaba su vello pbico. Un calambre la atenazo durante
unos instantes. Haca escasamente dos horas que haba
cabalgado sobre la almohada, hasta en un galope, alcanzar
la maravilla del orgasmo. Se despoj del guante y mirndose
al espejo, arque las piernas y se penetr con dos dedos,
el medio y el anular, vueltos hacia arriba, buscando aquel
rinconcito que tanta satisfaccin le produca.
Fue muy rpido. La convulsin del orgasmo casi le provoca
la prdida del equilibrio. Sus dedos y la palma de la mano
recibieron la clida crema que comprimi contra su sexo.
Ms relajada, termin de ducharse. Se sec y se aplic su
crema corporal hidratante. Envolvi su cuerpo en una suave
toalla. Sec sus cabellos y se dirigi al dormitorio.
Este estaba situado en la planta baja del chalet y daba a
la parte trasera del mismo, donde se extenda parte del
jardn que rodeaba la casa. Abri la ventana pues se saba
sola en la casa. De todas formas, desde que regres de la
clnica, haba sufrido una transformacin en sus hbitos
y aquel recato y moderacin sexual que siempre haba experimentado,
haba dado paso a un cierto deseo de experimentar nuevas
sensaciones. Desde luego, no saba lo que le suceda pero
se senta ms ardiente, ms dispuesta.
Mientras se aplicaba una crema protectora, a causa de los
movimientos, la toalla se desliz cayendo a sus pies. Como
se saba sola en casa no se agach a recogerla y sigui acicalndose.
Cuando lleg el momento de marcar la lnea de contorno a
sus labios, tom un espejo de mano y se gir hacia la ventana
para recibir la luz diurna de cara.
Fue entonces cuando le vio!. Escondido tras el seto que
separaba los dos jardines, el jardinero de los vecinos
la estaba mirando. Nunca haba reparado en l. Era un muchacho
de unos veintitantos aos, bien plantado aunque desgarbado.
Su primera reaccin fue la de cubrirse con la toalla cada
a sus pies, para ello tena que dejar el espejo y el pincel.
As lo hizo, pero antes de agacharse para recoger la toalla,
volvi a comprobar si segua all. Efectivamente all
estaba. Mirndola fijamente, quizs creyendo que ella
no se haba dado cuenta. Y porqu no fingir que as era?.
Al fin y al cabo ella estaba en su casa y en casa poda andar
como quisiera y si alguien la miraba mejor para l. Cogi
el cepillo del cabello y cerrando los ojos comenz a pasarlo
a lo largo de su ondulada melena. Seguramente se est masturbando?.
Pens. Senta vergenza, pues era la primera vez que se
exhiba. O no era as?. La duda dio paso a la certeza de que
no era la primera vez que se dejaba mirar.
Pero que le pasaba?!. Qu estaba haciendo?!. Dej
el cepillo bruscamente y se agach en busca de la toalla.
Pero sin darse cuenta, mientras se cepillaba el cabello,
haba andado un par de pasos hacia delante, por lo que girndose
la vio detrs suyo y sin pensarlo se agach para recogerla.
Al hacerlo un flash le record que esta situacin la haba
vivido en otro momento. Pero cuando y donde?. Que ella
tuviera la certeza, nunca jams se haba exhibido ni le
haba pasado ello por la mente hasta ese momento, sin embargo,
tena la impresin de haber vivido una situacin similar.
Entonces pens que si l segua mirando, la estara viendo
con toda perfeccin. Algo la impuls a permanecer en aquella
postura, fingiendo no alcanzar la toalla. Tena las piernas
algo separadas por lo que la visin debera ser completa.
Al pensar en ello algo especial le ocurri. Sinti como
su vagina se dilataba y los labios exteriores se separaban
permitiendo que aflorara la carnosa protuberancia de
su cltoris.
Dios mo!. Pens. Se lo estoy enseando todo y no tengo
la fuerza de voluntad de impedirlo. De donde me surge este
incontrolable impulso, este deseo de que me mire?.
Quera recoger la toalla y cubrirse, pero una fuerza mayor
le impeda hacerlo. Se incorpor y para disimular su exhibicionismo,
se coloc frente al espejo lateralmente a la ventana. De
soslayo miro hacia el lugar donde se encontraba su mirn
particular y comprob que all segua. No poda reprimir
el impulso que la obligaba a permanecer desnuda ante l.
Con sus manos acarici sus senos y los alz un poco apuntando
sus morenos pezones a la imagen que ella misma reflejaba
en el espejo. -Hace un momento que me he masturbado y vuelvo
a sentir necesidad de ello.- Se dijo. Descendi la mirada
a su negro tringulo y pudo ver la rosada peladilla de su
cltoris asomando titilante. Impulsivamente su mano
descendi al encuentro de aquel anhelante botn y las yemas
de sus dedos comenzaron a frotarlo. Estaba completamente
mojado por lo que la caricia aument el deseo de satisfacer
la necesidad de otro orgasmo que la liberara de aquella
situacin incontrolable. Volvi a mirar de refiln y segua
all.
No lo dudo. Perdido todo dominio sobre sus impulsos, se
dirigi a la ventana y colocndose frente a l y mirndolo
descaradamente. Se saba sola y dio rienda suelta a sus
deseos. Arque las rodillas para separar el vrtice de
sus muslos. All donde se encontraba el fuego que la consuma,
sus dedos se clavaron una y otra vez mientras gritaba -Me
corro!. Me corro!.- Dando traspis recul hasta la cama,
donde cay de espaldas mientras todo su cuerpo se estremeca
y su vientre saltaba acompaando un rosario de orgasmos
como nunca haba sentido. Era tanta su excitacin que sinti
vrtigo y mareo.
Cuando se recuper, se incorpor y no pudo remediar mirar
hacia donde estaba el jardinero, pero este haba desaparecido.
Avergonzada. Temerosa por si aquello pudiera trascender.
Tema que aquel hombre se envalentonara y pretendiera
algo ms. Que aquella prdida de control le produjera complicaciones
o problemas o peligros. Cerr la ventana y corri las cortinas
de encaje
Se visti. Su siempre exquisita ropa interior. Un delicado
liguero y unas finsimas medias. Como ya era habitual en
ella, prescindi de braguitas y sujetador Una falda de
color ocre y de elegante corte, a la que haca conjunto una
blusa de seda natural de tonalidad crema, de abombadas
mangas sujetas a la mueca cubrieron su desnudez. Unos
zapatos marrones de tacn y un bolso deportivo a juego en
el que carg con todo lo necesario y lo innecesario.
La cocina comunicaba con el garaje. Subi a su Opel Kadet
rojo contrastando con el blanco de la tapicera de piel.
Lo puso en marcha y accion el mando a distancia que habra
la puerta.
Vivan en la poblacin de Sant Just, a las afueras de Barcelona,
en una urbanizacin de clase media alta. Ramn, su padre,
era abogado y ocupaba el cargo de director de una empresa
de consulting y auditora y ella era secretaria de direccin
en una empresa de exportacin y disfrutaban de un nivel
econmico bastante bueno.
La puerta del garaje se cerr automticamente y ella se
alej por la salida de la urbanizacin, hacia la conexin
con Pedralbes, para llegar a la oficina que estaba situada
en la Calle de Angl cerca del Paseo de la Bonanova.
Dej el coche en el aparcamiento subterrneo donde la empresa
tena unas plazas reservadas para los directivos y sali
a la calle. Tena que cruzarla para llegar al edificio donde
se ubicaba Exportaciones Roberto Angladell donde trabajaba.
Se dirigi al ascensor y puls el botn del 5. Se mir al
espejo del pequeo habitculo para repasar su aspecto
y comprob que estaba radiante. Las tres veces que se haba
masturbado con plena satisfaccin, le haban sentado
la mar de bien. Empuj sus senos hacia arriba para dar acomodarlos
mejor bajo la blusa.
Lleg al 5 piso y all estaba la puerta de la oficina donde
haba trabajado durante los ltimos 15 aos. All comenz
su andadura laboral y fue ascendiendo hasta convertirse
en la mano derecha de Roberto, su jefe. Cierto que por su
parte haba dado a la empresa lo mejor de si misma, no escatimando
esfuerzos ni tiempo. Se quedaba hasta tarde cuando todos
ya se haba ido. Iba sbados por la maana a finalizar expedientes
de partidas que necesitaban ser enviadas urgentemente.
Cuidaba del archivo del que se senta orgullosa. Por unos
instantes le pareci recordar otros momentos y situaciones
vividas all y que intua haban desempeado un papel importante
en su vida privada. Empuj la puerta y la recepcionista,
al verla entrar, exclamo con sincera alegra.
Seorita Rosamary. Que alegra de verla por aqu. Gracias
a Dios que ya est Usted bien. Y aadi. -Don Roberto la est
esperando.
Y tomando el comunicador interior acerc la boca al micrfono
para decir
Don Roberto la Seorita Rosamary ya est aqu.
Que pase!. Que pase!. Oy decir a Roberto por el altavoz
del comunicador.
Ya lo ha odo. Bienvenida, la hemos echado mucho de menos.
Rosamary cruz el vestbulo y se dirigi al despacho de
Roberto, para ello tena que pasar por delante de las diferentes
oficinas y desde todas ellas recibi una cariosa bienvenida
de los empleados. Lleg al pequeo saloncito antesala
donde se abran tres puertas La de Direccin, La de su despacho
y la del archivo Pas delante de la puerta donde figuraba
SECRETARIA DE DIRECCIN, y debajo Srta. ROSAMARY PRADERA.
De repente, un sinfn de recuerdos incontrolados y sin
relacin entre s se agolparon en su cerebro. Tubo que hacer
un esfuerzo para apartarlos momentneamente si bien quedaron
regrabados en su memoria.
Poda haber entrado en su despacho y pasar al de Roberto
por la puerta que comunicaba ambas estancias, solo separadas
por un tabique de madera prefabricado, pero prefiri hacerlo
por la puerta del saloncito.
Con permiso- Dijo al abrir la puerta tras dar unos suaves
golpecitos
Si pase!. Le respondi desde el interior la voz del jefe.
Buenos das Don Roberto. Le salud.
Buenos das Rosamary. Celebro verla. Le respondi levantndose
a su encuentro y tomndola por los hombros le dio un par de
amistosos besos de bienvenida.
Cmo est nuestra Secretaria de Direccin?. Y aadi.
La hemos echado mucho de menos, sobre todo yo!. Sintese
por favor y cunteme como se encuentra.
Bien, gracias. Muy bien. Respondi.
Preparada para reintegrarse a su puesto?. Le pregunt.
Si, si. Estoy deseosa de ello. Le respondi mientras
cruzaba las piernas con cuidado de no ensear nada. Y
aadi. Necesito recuperar mi ritmo de vida normal y cuanto
antes empiece ser mejor, aunque me costar un poco reinsertarme,
pues llevo casi cuatro meses ausente y temo fallar al principio.
No se preocupe por eso. Soy consciente del trauma que
ese terrible accidente debe haberle causado, aunque para
ser sincero, la veo esplndida, como siempre. Crame que
su ausencia se ha dejado notar sensiblemente no solo por
su inestimable eficacia profesional, tambin por la presencia
fsica, ya que usted forma parte muy importante de la vida
e historia de esta empresa. Su dinamismo, simpata y elegancia
es ejemplo para todos nosotros. Le deca mientras la miraba
con avidez y aunque estaba abstrada en sus pensamientos,
se dio cuenta que sus ojos se clavaban entre sus piernas.
Disimuladamente, pero sin poderse controlar, separ
un poco las rodillas para permitirle ver.
Mientras Roberto hablaba, la mente de Rosamary vagaba
por las sendas de los recuerdos que, lentamente, se abran
ofrecindole el paisaje de su pasado ms reciente. Se
vea, por las tardes, sentada ante su mesa, cuando ya todos
se haban retirado. Ella se quedaba para finalizar alguna
tarea importante y que...Si. Cuando acuda al cuarto
de bao buscando refugio para satisfacer su lvido!. Claro!.
Aquello termin convirtindose en un hbito!. Luego
empez a encontrar un morbo especial al hacrselo en
su despacho y ms tarde en el de Roberto. Esperaba a que todos
se fueran para masturbarse...
Volvi a la realidad cuando oy a Roberto decirle.
Por cierto. Cuando ocurri el lamentable accidente,
la dependienta de la tienda de artculos fotogrficos,
sali corriendo para auxiliarla y recogi su bolso y la
bolsa en la que llevaba Usted la mquina fotogrfica y los
cartuchos que le haba comprado. Ella fue la que llam a
la ambulancia. Al da siguiente subi a la oficina y me lo
entreg. Se lo puse todo en el cajn de la derecha de su mesa,
en el que vi que guarda algunas cosas de uso personal. Por
eso lo cerr con llave para evitar que algn curioso pudiera
acceder a l. Por cierto que en la cartera tiene bastante
dinero. Y diciendo esto abri un cajn de la mesa y extrajo
la llave que, incorporndose, le tendi. Rosamary, mirndole
fijamente y a la vez que adelantaba el busto para tomarla,
algo ms fuerte que su voluntad le hizo separar las rodillas
por completo, ofrecindole una completa visin de aquel
tesoro que guardaba entre sus piernas, ya que su corta falda
solamente cubra algo ms de la mitad de sus muslos. Qu
le suceda?. Una irrefrenable necesidad de exhibirse,
de ensear, de abrir las piernas de par en par para que
pudieran ver su precioso coo siempre hmedo y palpitante.
Sinti como la mirada de Roberto la penetraba y sus flujos
le inundaban las entraas. Tena que irse pues asomaran
por su raja de un momento a otro.
Las revistas!. Pens de repente. Ahora recordaba aquellas
revistas que haba empezado a comprar y que guardaba en
aquel cajn. Seguro que Roberto las haba visto!. Qu
habra pensado de ella?.
Una sensacin de angustia la invadi. No vea el momento
de ir a su despacho y comprobar si las revistas estaban all!.
!Y adems su coo se estaba inundando!.
Quizs desea ir a recoger alguna cosa de su despacho?.
Le dijo Roberto que ya no poda aguantar ni un momento ms
y que, despidindola, aadi. Por mi parte ya no tengo nada
ms que decirle. Solo congratularme de su recuperacin
y el deseo de que regrese pronto al trabajo. Necesitaba
quedarse solo para pajearse a placer. Su polla iba
a reventar de un momento a otro. Nunca hubiera imaginado
que aquella diligente, discreta y elegante Secretaria
de Direccin, fuera capaz de no usar bragas!. Una paja
necesitaba una paja!
Oh. Si. Claro. Si no tiene Usted inconveniente deseara
comenzar el prximo lunes. Quisiera aprovechar este fin
de semana para hacer unas compras y visitar unos amigos.
Dijo Rosamary.
Estupendo. Hasta el lunes. Que tenga un buen fin de semana.
Dijo Roberto levantndose para estrecharle la mano y dando
por terminada la entrevista.
Rosamary pudo apreciar el bulto, bajo los pantalones,
que delataba la ereccin del miembro de su jefe y algo en
su interior la hizo sentirse satisfecha de si misma..
Que no me moleste nadie. No estoy para nadie. Orden Roberto
a la recepcionista en cuanto Rosamary cerr la puerta al
salir y dirigindose a su bao privado, mientras con mano
temblorosa se corra la cremallera y sacaba el hinchado
pedazo de carne de casi 20 centmetros de largo que peda
correrse.
Rosamary se dirigi a su despacho apresuradamente, cerrando
la puerta al entrar. Fue a la mesa y abri el cajn. Lo primero
que encontr fue la bolsa de la tienda de artculos fotogrficos
y su carterita que contena 357 y debajo de ambas cosas,
las revistas.
Estaba muy nerviosa. Adems no comprenda esas ansias
de exhibicionismo que la dominaban. Si bien recordaba
que durante los ltimos meses antes del accidente, su comportamiento
sexual haba sufrido un profundo cambio. Siempre estaba
caliente y se masturbaba a diario, algunos das hasta
una docena de veces. Tras una conversacin con su compaera
de oficina Margarita, haba dejado de usar bragas y adems,
su calentura era tan grande y repentina, que tena que
buscar urgentemente un lugar donde pajearse para evitar
sufrir un orgasmo en pblico.
Tom la cartera y la dej sobre la mesa y abri la bolsa que
contena la cmara Polaroid y los cartuchos de negativos
al verla y ver as mismo las fotos record que la haba comprado
por algo relacionado con las revistas. El lunes lo vera
todo con ms calma y mayor claridad. Ahora necesitaba desahogarse.
Su vagina estaba completamente empapada y senta sus flujos
mojarle los muslos. Metiendo la bolsa que contena cmara
y cartuchos en el cajn y cerrndolo con la llave, introdujo
esta y la carterita en el bolso. Sali del despacho y fue
derecho al servicio encerrndose en l. Se coloc ante
el gran espejo y meti la mano bajo la falda y arqueando las
piernas se introdujo dos dedos en el coo que pareci
engullirlos. Bombe con fuerza y rapidez pues deseaba
desahogarse. Cuando sinti la cercana del orgasmo
alz la falda con la mano izquierda y sacando los dedos baados
en sus jugos se frot el cltoris mientras se contemplaba
llena de placer ante el espejo. No tard en correrse.
Su chocho se abri y solt un chorro de nacarada crema
que se apresur a recoger en el cuenco de su mano para llevrsela
a la boca, mientras recoga el resto con el de su mano izquierda
que haba soltado la falda. Mientras aquel manantial de
su entrepierna segua soltando sus jugos, sus labis
se amorraron al cuenco de su mano sorbiendo aquel delicioso
nctar de su eyaculacin..
Lami hasta la ltima gota de sus manos y cuado se recuper
de tanta sensualidad, se compuso la falda y la blusa y se
dirigi hacia la puerta de salida.
Continuar
artesco3
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