Un da en el teatro

La vida dentro y fuera del teatro era completamente opuesta.
En la calle, el da transcurra como siempre. Con los coches
y autobuses agolpndose sobre las aceras, los semforos
parpadeando, la gente entrando y saliendo de las tiendas
que, en esas horas, an permanecan abiertas. Eran las
ocho y la luz del da se iba apagando dadas las fechas en que
M comenzaba a trabajar tras el mes de verano. A esas horas
el teatro estaba vaco. Los actores y actrices, los de luminotecnia,
los atrezzistas, todos ellos haban terminado su jornada
media hora antes. Ella saba, y eso le gustaba, que acceda
a un lugar en el que poda estar sin molestias, sin perturbaciones,
sin compaeros a los que saludar continuamente cada vez
que se cruzaba con ellos.


Su trabajo consista en guardar el edificio durante la
noche. Concretamente hasta las ocho de la maana, hora
en la que la secretaria del director de escena llegaba con
cara de sueo y pocas ganas de iniciar el da. Era sencillo.
Tena su cuarto en el que dispona de todas las comodidades
posibles y una cama en otra habitacin anexa, en la que los
das de pre-estreno sola quedarse alguno de montaje a
terminar asuntos de ltima hora. A medianoche, sola pasearse
por el escenario, por el patio de butacas, por el hall central,
por cada uno de los habitculos de ese inmenso teatro. Todo
ello con el fin de comprobar puertas y ventanas aunque,
muchas de las veces, le resultaba una autntica tontera
pues en los setenta y tres aos de existencia del teatro
jams haba entrado nadie. Todos los vecinos, incluidos
los delincuentes, consideraban un ultraje entrar y arrebatar
el nico lugar de esparcimiento que tenan en el barrio.



Como todos los das desde que llevaba trabajando en ese
lugar, ocho meses y diecisiete das para ser exactos, descorri
la cremallera, sac de su mochila la llave de la puerta de
entrada, situada en el callejn de la izquierda, la introdujo
en la cerradura y gir el pomo para comenzar una nueva jornada.



Le gustaba ese primer contacto. Un aire clido llenaba
su cuerpo y pareca fluir como la sangre por sus venas, de
forma lenta y pausada. Haba odo tantas al director hablar
del rito del teatro, que entenda el hecho de abrir despacio
y dejar que el aire la acariciara suavemente mientras entraba
y cerraba la puerta tras sus pasos. El da, se notaba incluso
dentro, estaba caluroso. Aprovechando que nadie le deca
cmo deba ir, se haba puesto una camisa y unos pantalones
cortos. Ropa cmoda y fresca, que demonios!, se trata
de estar a gusto se deca. Por si acaso, haba trado un
jersey fino de verano por si por la noche el fresco aumentaba
y pasaba fro.
Su jornada haba comenzado. Una noche ms. Y la tranquilidad
de poder leer en la butaca que ms le apeteciera, o en el palco,
o en la cama Ella era la duea y seora en esos momentos.
Entr en su cuarto y apoy la mochila sobre la mesa. Sac
la tartera y la meti en la nevera. Cuando la abri, descubri
que alguien la haba llenado de hielos, indicio de que,
en breve, comenzaran a trabajar en la nueva temporada.
Cerr con una pequea sonrisa pues por fin iba a poder beberse
el agua con hielos y no del grifo. Aunque sta no saliera
muy caliente, agradeca poder refrescarse en esos das
de final de verano. El sol apretaba durante todo el da y
llegada la tarde era todo un regalo encontrar un lugar donde
esconderse del calor de la calle.


M se apoy en el sof y encendi el pequeo televisor. Con
el mando buscaba canales pero ninguno le atraa lo suficiente.
Tan slo en uno daban algo interesante. Un documental de
animales del frica. La sabana. Se sent tranquilamente
no sin antes ponerse un vaso de agua con muchos hielos. Pasados
los minutos, comenz a notar calor. Los del teatro no haban
abierto las ventanas en todo el da y el ambiente estaba
un poco cargado. El cuarto dispona de una aunque daba al
callejn y apenas corra corriente, as que se abri ligeramente
la camisa. Los dos primeros botones.


Viendo el programa, se sonrea. Recordaba la conversacin
con un amigo unos das antes sobre un libro de un autor ingls,
un bilogo, que hablaba sobre el comportamiento humano
y su cercana con los animales. Deca que en el sexo, los
hombres y las mujeres tenan un sentido salvaje que permaneca
ms o menos oculto pero que estaba ah, en lo ms oculto de
cada uno. Cogi un hielo para refrescarse los labios. Se
lo acerc pero el hielo cay por el pecho y se le escurri
hacia el vientre. Comenz a revolverse entre risas por
el sof porque, aunque no encontraba el pedazo, lo senta
por su espalda. Se sac la camisa y el hielo cay al suelo.
La escena le gust. Mientras vea la tele, mir el vaso e
introdujo los dedos en l. Sac otro hielo. Lo acerc a su
pecho y comenz a acariciarse con l. Como el leopardo que
acecha a la gacela y entre las hierbas, y se mueve lentamente.
Quera comprobar el lado salvaje en su cuerpo y la lentitud
previa a la caza le gustaba.


El hielo se consuma por segundos y las gotas de agua se escurran
por sus tetas, humedecan la camisa y sus pezones duros
se marcaban en la tela. Levant la mano y dej gotear un pedazo
que sostena por los dedos. Diriga la gota sobre la parte
desnuda de la camisa abierta, sobre el cuello, sobre los
labios, sobre las piernas. Todas las partes de su cuerpo
le parecan apropiadas para dejar correr la gota sobre
la piel y disfrutar de su cada.


En medio del juego, la puerta de su cuarto se cerr. M solt
el hielo asustada. Era extrao porque en un da calmado
y sin viento como ese, slo la corriente poda cerrar la
puerta de esa manera. Se levant y la abri. No haba nadie.
Quin poda querer entrar si no haba nada que llevarse?.
No obstante, decidi dar una vuelta. Se abroch los botones
de la camisa y sali al pasillo. Le daba pereza. Se lo estaba
pasando tan bien con los animales que le fastidiaba tener
que pasear a esas horas. Adems, sus pezones rozaban con
la tela mojada, sintindolos fros. Eso la pona cachonda.
Y en lo nico que pensaba era en volver al cuarto y continuar,
aunque esta vez abriendo ligeramente las piernas y dejando
escurrir sus manos hacia su coo.


Caminaba tranquila por el pasillo. Lo que haca era pura
rutina. Mejor en ese momento que ms tarde, cuando ya no
le apeteciera, y as poder seguir. Mientras se acercaba
al escenario por las bambalinas, pensaba en lo que haba
estado haciendo. Era muy suave pero le haba gustado. Tena
toda la noche para continuar y, adems, no lo haba hecho
antes. La sensacin de violar la rutina deslizando sus
manos por su cuerpo con todo el calor que haca, le pona
bastante cachonda. Se haba descubierto juguetona, curiosa,
ante la sensacin fra del hielo, y ardiente, mientras
la gota caa por el borde de su pecho y se ocultaba por la espalda.



EL escenario dispona de una boca que poda medir unos diez
metros de ancho y le separaba del patio de butacas, un amplio
teln negro y, detrs de l, una enorme tela translcida
de seda, de tacto fro y suave. En ese momento, el teln se
encontraba extendido a lo largo de la boca y tras de s quedaba
el fondo del escenario, con todos sus decorados preparados
para instalarse. M se situ frente al patio de butacas.
Observaba cada uno de los palcos, de los asientos. Senta
en sus carnes la situacin que deban de soportar los actores
frente al espectador. Cerraba los ojos y notaba las miradas
del patio vaco. Le produca cierto vrtigo. Entonces,
abri los ojos. En sus pies, se abra una lnea de luz proveniente
de atrs. Se qued extraada. Si todas las luces estn
apagadas se dijo. Se dio la vuelta y abri ligeramente
el teln. Del fondo del escenario y detrs de la tela translcida,
sala un fuerte foco de luz que la impeda ver. Se acerc
hasta la misma. En el medio la figura desnuda de un hombre.
M pregunt quin era y tan slo escuch una voz grave y pausadasoy
S.


M se asust pero antes de que pudiera hacer nada el hombre
avanz deprisa hacia ella y la sujet con los brazos. M grit
pero S la mand callar y le susurr que no le iba a pasar nada.
Slo soy un sueo y voy a seguir con lo que hacas en el cuarto
dijo de nuevo la voz suave. M, extraamente, se tranquiliz
y decidi mantener la calma. Por raro que parezca, M no estaba
asustada e, incluso, la situacin le atraa. Observ el
cuerpo. Tena las piernas largas y los hombros fuertes.
Era de una estatura media y sus manos, apoyadas sobre sus
muecas, mostraban sus dedos grandes mientras la soltaban.
M no sali corriendo sino que se qued ah. Si es un sueo,
no puede pasar nada- se dijo.


S deslizaba las manos por la tela de arriba a abajo muy lentamente.
Acrcate. S hablaba lentamente, como los animales de
la tele movindose por la sabana. M, se acerc mientras
colocaba sus palmas sobre las de l. Estaban calientes
y pensaba cmo seran sobre sus piernas. Date la vuelta.
M se puso de espaldas a S mientras ste abra sus brazos,
acariciando su parte interior con sus dedos tras la tela.
Poda or la respiracin lenta sobre su cuello, desde la
nuca hasta la oreja. S la rode con los brazos y comenz a
desabrochar botones. Le asombraba la facilidad con que,
uno tras otro, stos iban soltndose y dejando sus tetas
al descubierto. Creo que estabas jugando con ellasAhora
voy a hacerlo yo, mientras sacaba su camisa del pantaln
y las manos se introducan desde las caderas hacia su vientre.



M senta su cuerpo caliente. Quera darse la vuelta y tocarle
pero le pareca precipitado. Haca un momento se haba
asustado y ceder de una manera tan rpida le haca sentirse
fcil. M ech sus manos hacia atrs. S estaba completamente
desnudo detrs de la tela. Poda tocar sus piernas duras,
su culo poda tocar pero S no la dejaba darse la vuelta porque
cada vez que intentaba hacerlo, l la sujetaba y la mantena
en la misma posicin.


Entonces S, suavemente, hizo que la camisa comenzara a
deslizarse por los hombros hasta caer al suelo y dejar as
todo el torso al descubierto. Poda sentir la tela en la
espalda y, detrs de ella, el calor del cuerpo de S adherido
al suyo. Las manos de S la buscaban, sostenan sus caderas,
avanzaban hacia arriba palpando cada uno de los huecos,
escalando una a una las costillas, hasta llegar a las tetas.
Sus dedos se encontraban en su base y rodeaban el contorno,
siguiendo su circunferencia. M quera sentirlos sobre
sus pezones, pellizcndolos ligeramente, todo ello con
la tela entre medias creando una sensacin extraa, como
si fuera ms desconocido de lo que ya era. La tela la rodeaba
y el calor aumentaba.


S baj las manos hacia los pantalones y desabroch el botn.
Abri la cremallera hasta el fondo y dej escurrir la mano
hacia su coo. Estaba hmedo y caliente. S poda sentirlo
con la palma abierta sobre l pese a existir un ligero velo
entre l y ella que impeda detenerse en el detalle, abrirle
los labios y rozar con el dedo corazn el interior de la vulva.
Al mismo tiempo, comenz a quitarla los pantalones. La
quera completamente desnuda y con los dedos gordos entre
la piel y el pantaln fue separndolo hasta que fueron descendiendo
por las piernas. Al mismo tiempo, S acariciaba sus piernas
mientras, pernera a pernera, deshaca su cuerpo de cualquier
atisbo de ropa. Tan slo las bragas, de un verde botella
transparente, permanecan en su lugar. M saba que las
llevaba y senta cierto nerviosismo por ello. M saba cmo
eran y que, tanto su coo, como la raja del culo, se intuan
levemente. S lo saba y acerc su boca a una de las nalgas,
respirando tan cerca que el calor suba por la espalda de
M. Luego, con las mismas manos con las que haba acariciado
las piernas de arriba a abajo, fue subiendo hasta llegar
hasta la ingle, pasando un dedo por cada centmetro de esa
raja que tanto le apeteca. S se incorpor. M not el vaco
y se extra. No senta sus manos, ni su respiracin, ni
siquiera el cuerpo de S al otro lado de la fra tela. De repente,
S la agarr de las tetas y empujndola contra l con violencia
dej pasar unos segundos mientras se las magreaba con fuerza
hasta que le dijo al odo Date la vuelta Voy a empezar a
follarte por detrs hasta que te desmayes, mientras le
arrancaba las bragas.


M, por mucho que lo intentaba, no consegua ms que distinguir
la figura de S, sin ver su cara. Cuando se acercaba a la tela
poda ver sus msculos pegados contra ella, sudados. Tambin
sus piernas, sus labios pidindole un beso, su polla dura
rozndola con la punta.


Levanta los brazos orden S. M hizo lo que le deca y S
inici una nueva sesin de caricias por todo su cuerpo a
travs de la tela. No se olvidaba de nada, pas por sus muecas,
por sus hombros por sus tetas y pezones, por su vientre,
por su pubis, por sus muslos hasta llegar a los pies, para
lo cual levant ligeramente la tela y los acarici directamente.
Abre tus piernas. M las abri. Qu iba a hacer ahora?
se pregunt. S levant hasta su coo la tela y toc suavemente
los labios. El tacto de sus dedos era delicioso pero quera
ms, mucho ms, quera su polla, su lengua, lo quera todo


S la mir. l poda ver cmo se senta ella y sus ojos estaban
cerrados. La separ las piernas y sin dejar ver su cara acerc
su lengua al cltoris, mientras abra su coito. Pas su
lengua suavemente. Una y otra vez. Recorri cada uno de
los labios, incluso el culo, que tena una protuberancia
justo antes de llegar en la que se entretuvo un rato. La quera
caliente, quera meterle la polla y que escurriera sin
problemas.


M observaba desde arriba la escena y vea sus labios, la
lengua serpenteando por su coo, los dedos que, momentos
antes, le haban cogido del culo La punta de su nariz asomaba
entre el borde levantado de la tela y le pona cachonda pensar
que se poda meter dentro y llenarla de aire caliente. Su
cuerpo suba la temperatura, comenzaba a notar algunos
calambres. Entonces, S la cogi de las caderas, justo en
el momento en que se iba a correr, y la dio la vuelta. Levantando
la tela y manteniendo las manos en las caderas, la puso la
polla entre las piernas. La ves?. M mir y la punta asomaba
por el otro lado. S, ah estaba. Pues corre porque te voy
a follar. Corre!-


M se qued estupefacta. No saba que hacer ni poda moverse.
Estaba completamente aturdida. Pero S se lo dijo de nuevo
y M comenz a correr hacia las bambalinas. S la sigui. Corra
detrs de M, la cual, por mucho que avanzara, se lo encontraba
justo detrs. Hasta que llegaron a una zona oscura en la
que S la agarr del brazo y la apoy contra la pared. M le mir.
Sus facciones se vean mnimamente pero le daba igual,
quera que se la metiera hasta el fondo. S la cogi de las
piernas y la levant. Puso su espalda contra la pared y con
las manos fue abriendo el culo hasta llegar al coo. Puso
la punta en el borde y empez a metrsela sin contemplaciones,
sin movimientos delicados. A M le venan las palabras de
S a la cabeza Corre, te voy a follar Le retumbaban en
su interior mientras senta la polla dentro de ella, entrando
y saliendo, y las manos en el agujero de su culo, jugando
a abrirlo poco a poco. El calor era mximo. Casi no poda
agarrarse a l. Estaba lleno de sudor y escurra pero l
no, l la sujetaba firmemente contra la pared mientras
la penetraba como un animal, incrustaba su pelvis en la
de M y la abra. M empez a notar que se corra, que todo en
ella daba vueltas, que el pasillo se desdibujaba, que la
polla entraba, como los dedos en el culo. Su boca se pegaba
a la boca de S, fundan sus lenguashasta que le lleg y comenz
a chillar como nunca lo haba hecho antes, como otra salvaje,
acompaando su pelvis a la de l, pegando su cuerpo y sintiendo
que le faltaba incluso el aire, que perda el conocimiento.



Y as fue. M perdi el conocimiento. Y despert.


Se encontraba sentada en el sof, con la tele encendida
y el telediario de la maana indicando que eran las siete
y media y que, en treinta minutos, se tena que ir a casa.
Se mir. Su camisa estaba abierta hasta la mitad y un pezn
le sobresala. Su pantaln tambin estaba desabrochado
y sus bragas no estaban. Nada pareca haber sucedido si
no fuera porque su coo estaba ligeramente dolorido. Pero
no poda ser. Se visti y fue hacia el escenario. Todo estaba
en su sitio, la tela sin arrugas, el teln, todo. Eso la dej
descolocada y volvi hacia su cuarto cuando, en el pomo
de la puerta encontr las bragas rotas, con una papel blanco
que deca .. maana ms.

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